Los drones tienen un punto en común con los vehículos eléctricos. A día de hoy el principal hándicap que les afecta no es una cuestión de potencia en sus motores o resistencia en sus materiales sino que tienen un grave problema de autonomía. Y es que las baterías son un elemento esencial para su funcionamiento y aún no son capaces de darles una autonomía que vaya más allá de una veintena de minutos dependiendo del tipo de batería que sea.
Actualmente la mejor solución que podemos encontrar para cubrir esta carencia de autonomía es recurrir a las tiendas de repuestos y es que la mayoría de los fabricantes han tenido en cuenta las limitaciones que tienen y por ello ofrecen desde unos pocos euros la posibilidad de comprar recambios compatibles entre varios modelos de dron. Al no ser un elemento que cueste sustituir, ya que el proceso se suele limitar a desconectar una y conectar otra, este gasto se acaba convirtiendo en algo prácticamente imprescindible.
En cuanto a las baterías que nos podemos encontrar, hay dos tipos que son los que utilizan prácticamente todos los modelos de dron del mercado. Se tratan de las baterías conocidas como Li-Ion y Li-Po. Ambas son de litio, aunque las segundas son un polímero especial que las vuelve más ligeras y flexibles que las Li-Ion permitiendo darles forma y adaptarlas dentro del fuselaje de los drones, aunque esto implica que las baterías de este tipo tienen una vida útil sensiblemente más corto. En cambio, las Li-Ion suelen estar presentes en modelos más grandes ya que son más pesadas pero en cambio, son capaces de ofrecer más ciclos de carga por cada batería y son algo más seguras.
Estas baterías, tanto Li-Po como Li-On, necesitan una serie de cuidados en su uso para conseguir que su vida se estire hasta el máximo, por lo que vamos a mencionar algunas de las buenas prácticas que hay que seguir para conseguir maximizarlo.
Las baterías deben dejarse cargando en sitios controlados. Donde no haya excesivo calor o algún material inflamable y siempre con alguna persona cerca. Si la batería está dañada o sufre algún tipo de defecto de fábrica, puede llegar a provocar pequeños incendios.
Dejar las baterías cargando durante largos periodos de tiempo no es una buena idea, especialmente en las baterías Li-Po. Los fabricantes suelen fijar un tiempo de carga que hay que respetar, ya que una vez se superen, las baterías pueden calentarse y llegar a sufrir fugas. Si en algún momento notamos que la batería se caliente en exceso este debe de ser desconectada de forma inmediata.
Es recomendable que no dejemos la batería totalmente agotada, ya que podríamos acortar su capacidad de carga sensiblemente. Los drones suelen avisar a través de LEDs o indicadores cuando la batería está a punto de descargarse pero sin que esté totalmente vacía para prever este inconveniente, por lo que no deberíamos intentar volver a arrancar el dron para exprimir hasta la última gota de carga.
Si vamos a dar unas pequeñas vacaciones a nuestro dron, no debemos dejar nuestras baterías ni vacías ni totalmente llenas. Lo más recomendable es que se queden con una mitad de la carga que aceptan.
Las baterías de litio cuentan con unos marcadores digitales internos que fijan el punto máximo y el punto mínimo de carga que se va actualizando en cada ciclo de carga. Para que estos marcadores no se desajusten y la batería pierda capacidad, es recomendable hacer lo que se conoce como ciclo completo de carga cada 15 o 20 usos de la batería. Este ciclo completo consiste simplemente en dejar que el dron nos avise de que se ha agotado su carga y dejarla cargar el tiempo máximo que nos indica el fabricante de nuestro dron.
Hay que tener consciencia de que las baterías son un elemento muy delicado que si son maltratadas pueden llegar a explotar. Es por ello importantísimo utilizar baterías y cargadores originales de los fabricantes de nuestro dron. Aunque podamos encontrar por Internet tiendas donde nos vendan baterías bastante más más baratas estas vienen con trampa ya que son de bastante peor calidad, ya no solo en cuanto a sus prestaciones como batería, sino en cuanto a los materiales en las que están construidas como y a los controles de calidad que tienen que pasar para salir a la venta.
Las cargas rápidas de las baterías hay que intentar evitarlas salvo casos de extrema necesidad. Este modo rápido supone un exceso de temperatura en la batería poco recomendable.
Estas directrices combinadas con un poco de sentido común son más que suficiente para llegar a disfrutar de la vida total de nuestra batería que por lo general suele alcanzar unos 500 ciclos de carga.